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  • Arturo Brandt

Golpe a las petroleras.

Tres de las mayores compañías de petróleo del mundo, (Shell, Chevron y Exxon) tuvieron un “reality check” hace algunos días: asumir su responsabilidad por sus emisiones de gases efecto invernadero (GEI) que causa el cambio climático. Otros lo han llamado un “gran golpe de atención”.

Lo que muchos han demandado por años, finalmente, ha sido realidad. A pesar de la intransigencia de los incumbentes (petroleras) por décadas con argumentos de diferente índole, pero todos con el fin de eludir su parte en el problema, y algunos hasta negar la evidencia del cambio climático y sus efectos.

En primer lugar, Royal Dutch Shell fue “instruida” por un panel de tres jueces en Holanda a disminuir sus emisiones de GEI en un 45% para el 2030, tomando como línea base el año 2019. El fallo, inédito, ya que es la primera vez que una Corte instruye a una empresa privada reducir sus emisiones de GEI, fue más allá incluso al ordenar a Shell incluir las emisiones del alcance 3, esto es las emisiones causadas por los clientes que utilizan productos Shell.

En otro caso histórico, en la reunión anual de Chevron, un 61% de sus accionistas voto por mayores reducciones de GEI.

Pero el mayor cambio, se originó en Exxon, donde un grupo de activistas (Engine N 1), que realizaron una campaña de seis meses en contra de las políticas de cambio climático llevadas a cabo por la compañía, logrando convencer a otros accionistas mayoritarios modificando finalmente la composición del directorio, lo que significó que dos de sus candidatos fueran elegidos como miembros del directorio, en una votación calificada por muchos como histórica.

Estos hechos son más que una historia de tres grandes compañías de petróleo. La narrativa para muchos porfolios de inversiones, asociados a carbonización de la economía, debería cambiar y deberían estar más atentos a los riesgos climáticos.

Las compañías con activos asociados a emisiones de gases efecto invernadero, están cada día más, no solo en la mirada de los activistas ambientales, sino que ahora también bajo el escrutinio de los inversionistas, fondos de pensiones, compañías de seguros de vida y bancos que miran con más atención, los riesgos asociados al desempeño climático de estas compañías.

El cambio climático, ha dejado se ser, hace algún tiempo el domicilio exclusivo del mundo “verde”, que con muy buenas razones dio origen a este movimiento. Hoy conviven con el mundo financiero, el que aún mira con cierta incredulidad, y algún grado de escepticismo lo que está sucediendo. Quizás para estos últimos, junto con hablar de riesgos financieros, tengamos que comenzar a hablar de oportunidades que surgen de la mano de una economía descarbonizada.

Los riesgos, deben ser evaluados en forma sistémica, dinámica y multisectorial.

Al fin del día todos ellos traen la misma consecuencia, el menor valor de los activos, y eso es precisamente lo que los asesores financieros deben evitar.

Para que lo anterior ocurra, es necesario mejorar la evaluación de riesgos asociados al cambio climático. Aún estamos a tiempo.


Por Arturo Brandt, master of Law in Environmental Laws, Vermont Law School. Director de ACHIDAM.


Las opiniones vertidas son de exclusiva responsabilidad del autor y no representan necesariamente el parecer de la Asociación Chilena de Derecho Ambiental


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